Hablar con la menor y seguir observando.
Esto significa que hay una alta probabilidad de abuso pero no es totalmente seguro.
Lo primero es que usted y las personas de su entorno mantengan la calma delante de la niña, siendo importante cómo relacionarse con la menor para su ayudarla
Cuando tenemos sospechas pero la menor no ha contado que está sufriendo un abuso podemos iniciar trámites legales para investigar esa sospecha.
También, los familiares más cercanos tienen la oportunidad de recabar más datos que confirmen o desechen la posibilidad de un abuso sexual.
Cuando observemos conductas que nos hagan sospechar de un abuso – sobre todo conductas de tipo sexual – podemos indagar un poco más sobre ellas preguntando a la menor.
Para ello es importante:
- Tratar de buscar un momento y un lugar tranquilo para preguntarle.
- Afrontar la situación de la forma más tranquila y equilibrada posible.
- No reprender.
- No forzar a contestar o a hablar si no quiere
- Hacer preguntas abiertas (que no sean de respuesta sí o no) que le permitan contar cualquier cosa de manera amplia. Las preguntas podrían ser, por ejemplo, dónde y cómo ha aprendido a realizar esos comportamientos sin inducir que haya habido abuso.
De esta manera, la menor puede contestar tanto que «lo ha visto en la tele» como que «alguien le ha pedido hacerlo».
Si la menor sigue comunicativa, dejamos que nos cuente de forma abierta por si termina revelando que está sufriendo un abuso sin interrumpir su relato.
En ese caso, diríjase al apartado Habla con el niño para ayudar a gestionar lo mejor posible y ayudar a la menor.
Si los comportamientos que observamos son claramente síntomas y no están tan directamente relacionados con un Abuso Sexual – por ejemplo las autolesiones, los síntomas físicos, etc – podemos hablar de forma cercana y cariñosa, ofrecernos si necesita ayuda, preguntando por ejemplo «¿quieres contarme algo?» o proponer si en otro momento quiere contar lo sucedido.